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Dancemos!

Había algo en la manera en que observaban aquellos jóvenes el vídeo que les mostraba… era la coreografía de Angels Margarit, concretamente de la pieza “Larandland”. Había algo de una escucha agudísima, una sensibilidad extrema en captar aquella danza extraña…
Y, para mi placer, ni siquiera se reían nerviosos o por vergüenza cuando, los cuerpos de un hombre y una mujer se tocaban en el contacto completo, entre cualesquiera miembros de esos dos cuerpos que se fundían… No os imaginais cuan precioso fuera ese silencio, esos minutos en que tres jóvenes bailarines árabes, observaban en la pequeña pantalla, aquella danza imposible, que en la remota infinitud de ese silencio, podían experimentar con su eterna alma…

Fotografía de internet pieza “Larandland” de Angels Margarit.

Unas palabras impactantes me sacaron de este encanto, eran de otro joven, él no practicaba la danza, “si bailas así en Palestina te pueden matar”, dijo.

En ese momento lo importante no era la violencia, ni la diferencia entre lo que sí y no “se puede”, sino lo que sí había en común; la observación neutral, de una enorme apertura, tan característica del alma.

Han sido cuatro intensos días de intercambio, en que hemos estado muy juntos. Durante la mañana, la tarde, la noche… nos hemos sentido muy conectados. Ha sido un intercambio de danzas pero mucho más allá de la forma, lo que hemos intercambiado ha sido la naturaleza de nuestro espíritu. Los espíritus de nuestras danzas se han encontrado, se han conocido, se han hablado.
Llegada la noche, en la habitación del Hostel, repasaba cada vez los ejercicios en busca de una pista que me señalara una buena manera de aproximarles la danza postmoderna.
Escogí este vídeo para darles algunas referencias. Pero no sabía como se lo ivan a tomar… Después de mucho buscar,

finalmente la obra de Àngels Margarit, concretamente la pieza “Larandland”, fue una composición que me encantó, y la escogí por significativa, por neutral, y por básica. Me llamó la atención la gran organicidad de la composición, y me llevó a pensar en la relación entre el paradigma de la ciencia y el surgimiento de la danza postmoderna.

Los países como Palestina están lejos de este paradigma y me pareció enormemente valioso que existieran las diferencias.

Fotografía de internet, pieza “Larandland” de Angels Margarit.

El vestuario, era apto para las sensibilidades del público árabe. El contacto entre los bailarines sucedía de una manera ligera, vacía de información que facilitaba que fuera entendida de una manera abstracta.

En la propuesta que les quería acercar buscaba la cualidad de la pereza, en el movimiento, en la coreografía. La combinación entre elementos repetitivos y simétricos.

Ellos me acercaban la danza “Dhabka” folklórica de Palestina. Es una danza muy bella, que se basa en el paso del salto y el juego de pies. Y donde el contacto con los demás sucede a través del ritmo y del encuentro de las manos. Los jóvenes, tan atentos, parecían llevarla corriendo por las venas. Cada vez que sonaba el tambor y la flauta de aquella deliciosa música, sus pies se ponían a danzar.

Por último, un pequeño detalle, no podíamos darnos explicaciones, ya que no hablábamos la misma lengua.

Escogí una forma de geometría dinámica como patrón, pero conectada con el alma por la calidad del movimiento enfocada en las sensaciones. Un ir y venir nada evidente, no se si resultó, pero pienso que sí.

Ellos estaban entregados y entregadas. Concentrados, enormemente pacientes. Cuan sensibles son estos bailarines y bailarinas! Increíblemente respetuosas y sensibles. Aunque algunos hablaban mucho entre ellos, la mayoría estábamos a la escucha del espíritu de la danza.

Qué maravillosa experiencia! Nunca les olvidaré…