Tag Archives: interculturalidad

Una noche surrealista

¿Cómo comprender el baño de sangre como una ofrenda, como un castigo o sacrificio?

Ayer por la tarde estuvimos en casa de Miles, su mamá salió con un palo en las manos, “los perros se nos han comido tres gallinas. Vamos a matarlos.” Sale el hijo menor de unos ocho años con una barra en las manos. Nosotros no lo podíamos creer…
“No!” exclamamos los tres europeos desde el salón, “vamos a buscar un punto intermedio” intervino Nick, el antropólogo belga que vive en esta casa para más de un año, y que llama a la madre “mamá”, como si de su madre se tratara. “Entiendo que se han comportado mal, pero vamos a encontrar un punto medio, les dejamos en la calle y que encuentren su suerte”.

Mientras y convencidos de que esta iba a ser la solución, en el salón, seguimos los cinco jugando a cartas, cuando se empiezan a escuchar los terribles gritos de muerte y dolor de los animales, me vienen a la mente los dos simpáticos perros marrón arcilla, de hocicos afilados y miradas inteligentes. En shock, nuestras miradas se encuentran. Entra la madre triunfal en el comedor. “Ya está, ya les he matado”.

Nos quedamos paralizados, seguimos enturbiados el juego de cartas, cuando movido por un impulso Nick se levanta.

En un momento de confusión me acerco y tras la puerta del patio trasero percibo algo inexplicable en el aire, como de ambiente enrarecido, de atmósfera agria,

Enturbiada vuelvo al salón, todavía con las cartas en las manos, los jugadores y la mesa está descompuesta.

La televisión encendida de fondo relata el fin de la jornada electoral. Están a punto de investir al nuevo presidente. La voz omnipresente que nos recuerda que hoy es día crucial para Kenya.

Con este ambiente enrarecido Nick se levanta de nuevo para ir en dirección a la cocina y abrir la puerta trasera, todos nos quedamos como paralizados.

Hay un ambiente roto, una brecha que nos divide energéticamente, una fractura. En nuestros rostros confusión.

La madre da vueltas sin parar con una expresión de inquietud y risa nerviosa, en un eterno suspense, vuelve Nick, y se dirige a la madre en swahili, “hay que acabar la faena madre”, la madre rie, “¡Nick quieres degollarlos como un matador! jajaj” Nick muy serio le explica, “Madre, no están muertos del todo, tienes que acabarlo ahora porque están sufriendo”.

Maarten y yo, nos sumimos en la más profunda angustia, Nick nos mira, “¿Qué hacemos?, yo no puedo hacerlo”, dice, “nosotros tampoco”, decimos. “Pero si los dejamos así podrían tardar días en morir”.

La madre dice que no puede hacerlo entre una risa nerviosa.

Nick se dirige al hijo mayor, “puedes hacerlo tu?” “No”, responde. Todos paralizados.
Tras unos minutos interminables Nick dice “de acuerdo, ya lo hago yo, pero necesitare un cuchillo muy afilado, creo que si cierro los ojos con un golpe fuerte puedo hacerlo”… Salen a fuera.
Maarten y yo en silencio. Tremenda la tristeza que experimento, Maarten en español me dice indignado, “Cómo se ríen!? los ha torturado con un palo hasta la muerte y ahora se ríe?”. Yo racionalizando le digo, “no lo entienden como nosotros, tienen otro sistema de valores, para ellos no son, como para nosotros, unos miembros de la familia”, “claro, es solo un animal que ladra y no tiene ningún valor, en cambio las gallinas son comida y eso si que es sagrado para ellos. No podemos juzgarles por ello.” Nos abrazamos.  En silencio una eterna media hora de rostros serios en el salón. La tristeza es profunda y amarga.

La madre que deambula entre el salón y el patio trasero se acerca a nosotros, y nos dice con un tono irónico, “¿tenéis miedo?”. “No tenemos miedo”, responde Maarten algo confundido e indignado, “es que para nosotros los perros son como miembros de la familia. Es otra cultura, lo entiendes?”.

Ella responde alterada “sí, pero se han comportado mal!”.

Pues, Maarten responde “y si este niño pequeño se porta mal, le castigarás o también le torturarás?”.  Ahora la madre se queda claramente conmocionada, parece que ha entendido que algo está profundamente mal en nosotros.

Nick entra de nuevo en el salón y nos dice, “no se como hacerlo. Les ha matado, pero no están completamente muertos. Ahora estoy pensando en llamar a un veterinario, que venga, y que les de muerte humanamente, con eutanasia. Les daremos el doble de lo que pidan si llegan esta misma noche”.
Así será, el ambiente sigue tenso y enrarecido, pero seguimos jugando, más o menos sumisos a esta solución.

Nos queremos, europeos y africanos nos queremos, se siente en el ambiente como todos queremos que esta situación acabe y que hayamos comprendido la lección de nuevo, que somos diferentes y que tenemos otra apreciación de los sentimientos. Esto es pura antropología, nos decimos. Los sentimientos flotan en el ambiente, la compasión por el sentimiento de culpa que reina en los kenianos. La trascendencia de nuestras más arraigadas certezas en los europeos.

“A comer” nos llama la madre, claramente preocupada. El bebé está nervioso, corretea tocándolo todo sin descanso. Claro, pienso, que lo ha estado sintiendo todo. Le doy un abrazo, y juego un poco con él.

Ya es negra noche, servido en la mesa el pollo de la discordia, cocinado con salsa. Yo no puedo ni olerlo. Para complacer me sirvo un plato. Mientras llega el veterinario. Acaban dignamente con la vida de estos dos perros. Completamente alucinados la familia ven como Nick acaba de dedicar a esta solución los cincuenta dólares que pide el veterinario. Una fortuna para ellos.

Nosotros queremos apoyar a Nick, le damos las gracias. Mientras hacemos ver que comemos el pollo, en la televisión invisten al nuevo presidente. La penumbra es densa en el salón.
Se temen las matanzas que acontecieron hace diez años y tras las últimas investiduras, cuando entre las tribus hubieron mas de 1.200 muertos a machetazos.

Para Maarten algo surrealista reina en la oscuridad.

Me digo que ojalá no hiciera falta derramar sangre para entendernos.

La democracia representa el sistema que impone occidente con su sistema de valores, sobre la realidad tribal de África.

¿Qué función tiene entonces el sacrificio? Nos preguntamos con Maarten mientras, en taxi, cruzamos a media noche la muchedumbre en la ebriedad de esta extraña noche.

Esta noche Nick y la madre han tenido sueños extraños. Se encuentran por la mañana y se abrazan, han estado conmovidos.

Kenya amanece con nuevo presidente, la sociedad está más tranquila que la vez anterior. Esperamos que el baño de sangre de hace unos años haya servido para aceptar los resultados electorales con más serenidad…

Esperanzas

Hoy he estado hablando con la Iraquí Deyka Nojine. Junto con su familia huyeron de Iraq hace un año, han estado refugiados en Grecia durante nueve meses…donde hace un año nos conocimos. Me llamaba para compartir que han conseguido ser reubicados a Alemania, y que de momento todavía viven en un campo de refugiados. Por fortuna aparentemente las condiciones son mucho mejores que en los campos de Grecia. Con mucha esperanza me cuenta que dentro de nueve meses podrían ser reubicados a un hogar, al fin.


Hoy en día muchos celebran su llegada a otros países europeos, parece que todo irá bien, y que el proceso sigue. También es tiempo de Ramadán para muchas de las familias es un momento de reunión y de unión.
En general la esperanza es lo último que se pierde, me dicen que “Siempre, vivas lo que vivas, mantenla, incluso en el peor de los casos también habrá valido la pena”.

Abdulazeez Dukhan y su familia acaban de llegar a Bélgica, el joven está entusiasmado, pronto empezará a estudiar en la Universidad de Bruselas. Le he ido siguiendo a través de Facebook, es muy inspirador, en estos nueve meses ha hecho muchos amigos, y sus obras se han expandido por el mundo entero!

Este muchacho realmente mueve a muchísimas personas que le hemos conocido, es el vivo ejemplo de la esperanza. Os invito a seguirle en Facebook, es muy emocionante!

En estos nueve meses en Grecia, muchas familias han dejado la guerra atrás, y con ella sus países. Nunca se olvidarán las raíces, pero también hay motivos para sentirse felices, se están sintiendo acogidas, y esperanzadas en Europa!

El contexto de Madam Kajy

Me siento extraña, y es por haber escrito en la entrada anterior superficialmente, sin mencionar que estas técnicas me producen terror,y que al mismo tiempo, ello me lleva a reflexionar sobre su contexto.

Foto de blog.elpais

Foto de blog.elpais

La atención a la mujer es muy pobre aquí, en el sentido que al nivel psicológico no se cuida.

No he sido testigo, y por tanto no puedo explicar más detalles cualitativos ni técnicos. No he podido ser testigo tampoco de la relación de ellas con estos métodos, ni de la manera como ellas conducen el proceso. Por ética y por respeto no he estado cuando hacen el trabajo de parto. En ninguna forma podría tranquilizar con mi presencia a una mujer que solo mi color de piel ya suscita desconcierto, sin conocerla, ni a sus costumbres, ni idioma.

De todos modos, al hablar con Madame Kajy gracias a la traducción sencilla de un hombre, he entendido lo difícil que es la situación aquí, y me ha hecho reflexionar mucho.

Natural no significa carente de toda intervención. Natural en Europa es respetado, y es debido a la información que ya se tiene sobre las posibilidades de la mujer de parir sin sufrir violencia obstétrica.

Lo que yo he querido reflejar en la anterior entrada era un intento de expresar lo que muy poco a poco voy constatando y es que la falta de acceso de esta matrona a recursos o equipo humano hace que ella sienta que tiene ambas vidas en sus manos, y que sienta que no tiene otra opción que hacer salir al bebé como sea (eso es literalmente lo que me decía ella) para no poner en riesgo la vida de la madre, ella empuja, aprieta y corta.

Esto me lleva a preguntarme cuanto de la excesiva intervención en el parto es por el miedo del mismo profesional médico. Y cuanto es inversamente proporcional el miedo que siente el profesional con la confianza en la mujer y en el contexto de atención.

Ese miedo, esa vulnerabilidad, que lleva a Madame Kajy a actuar de esta manera, me da a entender la suerte que tenemos en Europa, de que, aunque a algunos profesionales les siga dando miedo contar con el propio poder que tiene la mujer por sí misma cuando pare, haya también tanta información que afirme y ayude a la mujer a tomarlo y se le brinde el apoyo que elige, y se pongan a su disposición las herramientas técnicas que hay para el caso que las necesite.

La presión que siente esta mujer debe de ser enorme. Ella ha aprendido el oficio de su madre y abuela, no ha tenido nunca una formación ni información externa sobre el cuidado maternal.

Lejos del parto respetado y con placer que se puede tener en Europa con el acompañamiento de matronas de parto en casa y con doulas, aquí lo que se encuentra una, es a la mujer pariendo sola sin contención externa.

No tengo ni la más remota idea de lo que es acompañar un parto en medio de la selva sin acceso a recursos. La misma matrona carece de ningún apoyo, ningún contraste o espejo, ningún equipo, esto es África rural, y también es real. Esto está pasando ahora mismo en esta parte del mundo. A mí me produce una enorme tristeza y también impotencia.

*fotografía de blog.elpais

La matrona del Valle de Tsaranoro

Siguiendo virtualmente la formación de salud mental perinatal que imparte Ibone Olza y es una fantástica oportunidad para explorar la perinatalidad en las diversas culturas que voy conociendo.

He conocido a la matrona del Valle de Tsaranoro, en Madagascar, que no solo ayuda en los partos de las mujeres de su pueblo, si no a las mujeres de todo el Valle.

El valle recoge varias aldeas, separadas por largas distancias, caminos de tierra roja entre montañas, caminos que muchas recorren descalzas, como acostumbran. Esto implica que las mujeres, o ella, deben desplazarse a pie, para encontrarse y hacer juntas el trabajo de parto. En caso de complicaciones el hospital más cercano está a casi un día de distancia, es importante la organización.

La vida de las personas campesinas en Madagascar es muy dura, pero también de una belleza sobrecogedora.

En este poblado coincide que la matrona es la reina del valle, literalmente es la mujer del rei. El rei y la reina de los parajes viven en casas de paja y barro igual que los demás habitantes. La diferencia entre ellos y el pueblo solo los nativos la saben.

La reina se llama Madame Kajy y es una mujer alta, no de estatura si no de espíritu, su presencia invita al respeto.

La casa en que vive es la misma casa de partos, y es en su cama que la mayoría de las mujeres del poblado dan a luz. A la forma tradicional, las técnicas que utiliza para ayudar a la mujer y al bebé son con las manos desnudas. Ayudándose de tijeras o hoja de metal, para posteriormente dejar que el tejido cicatrice solo, no hay agujas ni hilo de sutura.

Empiezo a entender la ambivalencia de sentimientos en las embarazadas que, a veces, no se atreven con su tierno querer a dar nombre al bebé que esperan, ni siquiera a hablar de él. En hacer referencia al bebé en ellas se despierta una mirada de enorme felicidad.

A mí personalmente lo que más me gusta de trabajar con las mujeres embarazadas es su conexión con el no saber. Es por su apertura a lo infinito, una sabiduría que siempre me gusta sentir resonar.

En Madagascar más del noventa por ciento de la población es agricultora. El mayor cultivo es de arroz, pero en esta isla, clasificada como el cuarto país más pobre del mundo, crece de todo.

Dentro de la tierra hay cuevas de oro y piedras preciosas. A pesar de ello, la mayor parte de los recursos que nacen y se producen salen del corazón de la tierra para ir a parar a los barcos, el comercio que les espera para repartirlos por el mundo.

Personalmente veo a los habitantes de Madagascar como gente satisfecha y enormemente pacífica.

En la mayor parte del territorio no ha llegado la luz eléctrica, por tanto, ni la televisión ni internet. Son gente de mucha pureza e inocencia.

Tantos temas interesantes sobre los que yo les preguntaría, y no siempre es fácil, ya que tanto es diferente entre nosotras, al margen de ello, nos sentimos en unos silencios largos. Su mirada, el silencio y sus gestos de descanso, me dan mucha información, es como si vibrase en el aire. Como si el aire se llenase de palabras, pero de palabras que no sabemos decir. La distancia cultural es un abismo insalvable por ahora.

Por más que hablamos no puedo ayudar con mi nueva y joven profesión. Quisisera explorar con ellas las profundidades de los procesos. Pero solo las puedo mirar a los ojos, con una sonrisa de oreja a oreja, y así nos quedamos las dos durante un minuto o dos. Mirándonos. Ellas con su barriga que me mira y yo que le sonrío. Y es a ella, esta mujer embarazada a quien quisiera hacer tantas preguntas!

Repetir lo que ellas hacen, ayudarlas con las labores domésticas, son cosas que nos acercan. La mentalidad es muy sencilla, no se hacen demasiadas preguntas, no piensan más allá, no se si es por necesidad, por la falta de escolarización…La psicología es un terreno todavía inexplorado para la población.

Madam Kajy sigue pulcramente todas las tradiciones. Bendice a quien se cruza con unas palabras dulces y melodiosas, yo la sigo entre las hierbas y los pies descalzos, ya que vamos juntas al dispensario, es día de visita y las mujeres embarazadas van pasando a hacer los controles rutinarios, al final de la mañana hemos visitado a once de ellas.

Es difícil encontrar mujeres mayores que la matrona, Madam Kajy tendrá unos cincuenta años. La esperanza de vida media es de alrededor de los cincuenta y cuatro años.

En estas poblaciones la vida es corta y la muerte se presenta con su fuerza imprevisible, pero el tiempo se dilata y pasa lento, no lleva reloj,  si no el ritmo de los ciclos que mueven a todos los seres vivos.