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Gule Wamkulu, La danza de los espiritus

Hace unos días que os quería escribir sobre este contenido:

Se trata del “Gule Wamkulu”, y es una de las tradiciones de Malawi, la de la tribu de los Chewa!
En las regiones meridionales de Malawi, habitan la tribu de los Chewa, y una de sus particularidades es la manera simbólica en que se comunican dentro de la comunidad.
Se trata de la llamada tradición secreta del “Gule Wamkulu”, que es antigua como la misma tribu y practicada por sus miembros iniciados. Se utiliza para comunicar a la comunidad con los espiritus.
Esta comunidad, que esta estrechamente relacionada con el arte, cuenta con talentosos artesanos que crean elaborados trajes y máscaras hechos con materiales de la naturaleza.
Cada máscara representa un espíritu. Y existen más de cien máscaras que representan más de cien situaciones espirituales.

Foto de Malawian Explorer Blogger

Estos personajes conocidos por toda la población se convierten en un lenguaje común.
Una de las cosas que más me atrae de esta tradición es la seriedad con que toman el juego. El juego representa lo simbólico de la cultura, y en esta comunidad el juego es de una gran riqueza y complejidad.
En este caso una de las reglas del juego es creer que debajo de los trajes y máscaras no hay una persona, si no que es el mismo espíritu el que está hablando.
Éstos se pueden vestir espontáneamente cuando creen que hay que comunicar algo. Los personajes siempre se presentan y comunican bailando.
Cada espíritu es representado por una máscara y cada máscara nace de dentro de la misma comunidad en función de lo que esta pasando en el momento.
Es una especie de observatorio social, político, espiritual. Que sirve para de forma comunitaria digerir, o celebrar lo que está sucediendo.

Foto de African Geographic Magazine

Cuando algo nuevo llega a la comunidad, o se manifiesta algún problema que afecta a todos o varios miembros, se crea un nuevo carácter. Una nueva máscara y un nuevo traje son creados para habitarlos y danzar dentro de ellos. Es un método de comunicación tan antiguo como eficaz de transmitir un mensaje, que pasa a formar parte del imaginario colectivo.
El espíritu de lo que quiere ser expresado entra en la persona que viste el traje, y que es tomado por una danza. La persona pasa al servicio del personaje, y con él enseña de forma simbólica lo que representa este nuevo cambio.
En ocasiones transmiten valores, como cuando un miembro de la comunidad comete un acto que infringe las leyes de la comunidad se le representa y se habita ese espíritu, para mostrar a todos lo que está pasando.
Los niños se sienten muy atraídos, y se les es explicado lo que sucede, de modo que ellos también aprenden de la situación.
 Al mismo tiempo que sirve como reflexión general, puede ser entendido como herramienta de justicia social.
 Es un lenguaje simbólico que sirve de transmisor de la conexión con lo espiritual. Una mezcla de juego y celebración ritual cambiante y llena de significados.
Vendría a ser el telenoticias de la comunidad, en un sentido!

Foto de Andrew Brukman

Los miembros de la comunidad tienen un gran respeto por esta representación y entran en la atmósfera del espíritu. Con sus estados de ánimo, algunos reaccionan con temor, otros le retan, otros danzan, otros se seducen… etc. Le dan un lugar a lo que necesitaba ser expresado y sirve como espejo.
Inmediatamente se despierta algo mágico en la atmósfera cuando un personaje del “Gule Wamkulu” aparece con su danza alegre, o inquietante, energética o vibrante.
Dependiendo de las necesidades y los cambios que atraviesa la comunidad, se pueden llegar a crear máscaras cada día! Los hay para las cosechas, para celebrar la lluvia o para invocarla, para cientos de motivos.
Por cierto, hay uno con la cara de un rojo intenso, que representa la llegada de los europeos! Y éste último ha llegado por el mar envuelto de plásticos!

Foto de South World

Claude Boucher, es un padre católico canadiense, antropólogo, que hace más de cuarenta años que vive entre ellos y se dedica al estudio de esta tradición.
En su honor ha creado un hermoso museo que ha construido para devolver a la comunidad todo lo que ha aprendido de ellos en estos años de valiente dedicación.
Es fascinante!!

Dancemos!

Había algo en la manera en que observaban aquellos jóvenes el vídeo que les mostraba… era la coreografía de Angels Margarit, concretamente de la pieza “Larandland”. Había algo de una escucha agudísima, una sensibilidad extrema en captar aquella danza extraña…
Y, para mi placer, ni siquiera se reían nerviosos o por vergüenza cuando, los cuerpos de un hombre y una mujer se tocaban en el contacto completo, entre cualesquiera miembros de esos dos cuerpos que se fundían… No os imaginais cuan precioso fuera ese silencio, esos minutos en que tres jóvenes bailarines árabes, observaban en la pequeña pantalla, aquella danza imposible, que en la remota infinitud de ese silencio, podían experimentar con su eterna alma…

Fotografía de internet pieza “Larandland” de Angels Margarit.

Unas palabras impactantes me sacaron de este encanto, eran de otro joven, él no practicaba la danza, “si bailas así en Palestina te pueden matar”, dijo.

En ese momento lo importante no era la violencia, ni la diferencia entre lo que sí y no “se puede”, sino lo que sí había en común; la observación neutral, de una enorme apertura, tan característica del alma.

Han sido cuatro intensos días de intercambio, en que hemos estado muy juntos. Durante la mañana, la tarde, la noche… nos hemos sentido muy conectados. Ha sido un intercambio de danzas pero mucho más allá de la forma, lo que hemos intercambiado ha sido la naturaleza de nuestro espíritu. Los espíritus de nuestras danzas se han encontrado, se han conocido, se han hablado.
Llegada la noche, en la habitación del Hostel, repasaba cada vez los ejercicios en busca de una pista que me señalara una buena manera de aproximarles la danza postmoderna.
Escogí este vídeo para darles algunas referencias. Pero no sabía como se lo ivan a tomar… Después de mucho buscar,

finalmente la obra de Àngels Margarit, concretamente la pieza “Larandland”, fue una composición que me encantó, y la escogí por significativa, por neutral, y por básica. Me llamó la atención la gran organicidad de la composición, y me llevó a pensar en la relación entre el paradigma de la ciencia y el surgimiento de la danza postmoderna.

Los países como Palestina están lejos de este paradigma y me pareció enormemente valioso que existieran las diferencias.

Fotografía de internet, pieza “Larandland” de Angels Margarit.

El vestuario, era apto para las sensibilidades del público árabe. El contacto entre los bailarines sucedía de una manera ligera, vacía de información que facilitaba que fuera entendida de una manera abstracta.

En la propuesta que les quería acercar buscaba la cualidad de la pereza, en el movimiento, en la coreografía. La combinación entre elementos repetitivos y simétricos.

Ellos me acercaban la danza “Dhabka” folklórica de Palestina. Es una danza muy bella, que se basa en el paso del salto y el juego de pies. Y donde el contacto con los demás sucede a través del ritmo y del encuentro de las manos. Los jóvenes, tan atentos, parecían llevarla corriendo por las venas. Cada vez que sonaba el tambor y la flauta de aquella deliciosa música, sus pies se ponían a danzar.

Por último, un pequeño detalle, no podíamos darnos explicaciones, ya que no hablábamos la misma lengua.

Escogí una forma de geometría dinámica como patrón, pero conectada con el alma por la calidad del movimiento enfocada en las sensaciones. Un ir y venir nada evidente, no se si resultó, pero pienso que sí.

Ellos estaban entregados y entregadas. Concentrados, enormemente pacientes. Cuan sensibles son estos bailarines y bailarinas! Increíblemente respetuosas y sensibles. Aunque algunos hablaban mucho entre ellos, la mayoría estábamos a la escucha del espíritu de la danza.

Qué maravillosa experiencia! Nunca les olvidaré…