Category Archives: Madagascar

Desde Madagascar formándome en salud mental perinatal

#Formación #Saludmentalperinatal
Como siento la necesidad imperiosa de compartir y seguir conectada con mi mundo, el del planeta occidental, y las personas que quiero, pero no tengo tanto tiempo como me gustaría para escribir en el Blog, voy a ir publicando cartas que escribo, en este caso a la red de mis compañeras de formación en salud mental perinatal, para seguir conectada con todos vosotros y sentirnos cerca. Espero que las desfrutéis.
Gracias por estar aquí, al otro lado de la pantalla e iros manifestando con comentarios o mensajes de vez en cuando, os lo agradezco muchísimo!
La África profunda que estoy viviendo es justo la que quiero conocer, pero no es fácil para las personas que hemos crecido en el entorno occidental.
Absolutamente todo es diferente y a menudo, muy a menudo, lo hecho de menos…!
————————

Queridas compañeras, y compañeros,

Me encataría conoceros una a una o uno y con calma, y difrutar de los seminarios presencialmente. Siento que esta profesión tiene mucho de compartir, de dar tiempo para explorar y sentir juntas.
La manera en como lo estoy haciendo me encanta también, y lo quería compartir con vosotras.
 Mientras hacemos esta formación, estoy viajado por el mundo. Es un sueño con mi pareja Maarten que nos ha llevado a explorar África durante nueve meses, y ya hace cinco que estamos en ello. Bueno, hemos estado primero en Palestina, visitando un proyecto y ayudando. Ahora y desde hace dos meses estamos en Madagascar!
Este viaje me ayuda a ver los temas que trabajamos, las tareas y foro desde muchos puntos de vista y me invita a apreciar, reflexionar, observar… Las diferencias entre las culturas y maneras de vivir el embarazo, el parto, la muerte, entre nuestra cultura occidental y las multiples que voy vivistando. Esta formación esta siendo increíblemente interesante y completa.
Intento pasar tanto tiempo como puedo cerca de las mujeres embarazadas. No siempre es fácil, no hablamos el mismo idioma, y a veces solo estamos en silencio juntas, en sus casas, mirándonos a los ojos y sonriendo de oreja a oreja.
Os quiero contar una historia que me ha pasado con el anterior seminario sobre la muerte perinatal, la pérdida gestacional y el duelo, que me ha sorprendido mucho!
Estaba viviendo en un pueblito que se llama Betania en la costa oeste de Madagascar. Este seminario tan interesante, lo he tenido que ver a sorbitos y en diferido.
La primera parte la vi en la pequeña ciudad, al lado del pueblito donde habitaba, donde no hay ni luz eléctrica ni agua corriente, en cuanto se hace de noche, también en la ciudad se acaba la electricidad.
Estaba esta ciudad, Morondava, super fascinada con el contenido, cuando empezó a oscurecer y se acabó la conexión. A desgana lo tube que dejar para que no se me escapara la última piragua que me llevaba de regreso al pueblito de Betania.
En la orilla, esperado la piragua, había también una mujer joven. Cuando estabamos en el agua, despues de un silecio, la mujer me empezó a explicar así de repente, en un francés sencillo: “Yo hace unos meses estaba embarazada. De tanto cargar el agua, me dolía la espalda, así es que fuí al hospital y ‘me lo tubieron que quitar’.
Ahora bebo mucho, por que no puedo parar de pensar en mi bebé y me pongo muy triste, yo se que no es bueno que lo haga, pero estoy muy triste y por eso bebo…”
Yo por una parte estaba alucinada de como la mujer me hablaba tan sinceramente del tema que justo acababa de recibir, y por otro lado, me encontré escuchándola y hablándole de un modo nuevo, como si la información ya hubiera entrado un poco en mi! Ahora la escuchaba con mucha mas empatía y comprensión, sin querer negar su dolor, ni darle demasiado énfasis a lo malo del alcohol, sino abrazando su tristeza para ayudarla a sanar. Con tiempo, nos quedamos juntas en la otra orilla hablando hasta que era tan oscuro que no nos veíamos las caras.
Fue muy bonito. Lo importante para mí fue que ella compartiera conmigo su historia.
Este relato ha sido solo una anécdota. Y ahora, a propósito del pasado seminario (voy un poco atrasada por las condiciones del país pero por otro lado os lo recomiendo encarecidamente) me gustaría compartir algunas dudas y reflexiones:
En Madagascar hay muchas creencias, las llaman “fady”, y son como “verdades” que comparte la población. Atañen a muchos temas de la vida cotidiana, y son tan variados como el mundo de las cosas, de la convivencia con la naturaleza, de las relaciones con los ancestros… Estas creencias estan muy arraigadas y tienen mucha fuerza.
Una de ellas es especialmente importante para mí, y es que las mujeres malagaches, en ciertas areas del país, creen que no pueden hablar de su embarazo ni de su bebé, especialmente durante los últimos meses, porque al hacerlo el bebé moriría.
A mi me resulta como una puerta hermética cerrada, y me da angustia no poder compartir ni ayudar más. Por otro lado, pienso que si realmente estos “fady” tienen tanta fuerza, puede ser causa de un gran estrés ponerlos “en tela de juicio”. Por lo que he entendido, hace falta un tratamiento previo de estas creencias primero como comunidad, para poco a poco ir hablándolo directamente con las mujeres embarazadas.
Sería un proceso lento, que claramente no voy a poder presenciar, pero tenéis alguna experiencia previa similar? Como os relacionais con las creencias religiosas o espirituales que dificultan el hablar de la salud femenina? Pienso que hay que tratarlas con mucho cuidado y respeto, por otro lado, me encantaría descubrir alguna “puerta”.
Me encantaría leer vuestros pensamientos! Muchas gracias por leer y por compartir. Disfruto mucho leyendos, y me encantaría que nos encontraramos algun día.
¡Muchos besitos!

Zoe Galinsoga

El contexto de Madam Kajy

Me siento extraña, y es por haber escrito en la entrada anterior superficialmente, sin mencionar que estas técnicas me producen terror,y que al mismo tiempo, ello me lleva a reflexionar sobre su contexto.

Foto de blog.elpais

Foto de blog.elpais

La atención a la mujer es muy pobre aquí, en el sentido que al nivel psicológico no se cuida.

No he sido testigo, y por tanto no puedo explicar más detalles cualitativos ni técnicos. No he podido ser testigo tampoco de la relación de ellas con estos métodos, ni de la manera como ellas conducen el proceso. Por ética y por respeto no he estado cuando hacen el trabajo de parto. En ninguna forma podría tranquilizar con mi presencia a una mujer que solo mi color de piel ya suscita desconcierto, sin conocerla, ni a sus costumbres, ni idioma.

De todos modos, al hablar con Madame Kajy gracias a la traducción sencilla de un hombre, he entendido lo difícil que es la situación aquí, y me ha hecho reflexionar mucho.

Natural no significa carente de toda intervención. Natural en Europa es respetado, y es debido a la información que ya se tiene sobre las posibilidades de la mujer de parir sin sufrir violencia obstétrica.

Lo que yo he querido reflejar en la anterior entrada era un intento de expresar lo que muy poco a poco voy constatando y es que la falta de acceso de esta matrona a recursos o equipo humano hace que ella sienta que tiene ambas vidas en sus manos, y que sienta que no tiene otra opción que hacer salir al bebé como sea (eso es literalmente lo que me decía ella) para no poner en riesgo la vida de la madre, ella empuja, aprieta y corta.

Esto me lleva a preguntarme cuanto de la excesiva intervención en el parto es por el miedo del mismo profesional médico. Y cuanto es inversamente proporcional el miedo que siente el profesional con la confianza en la mujer y en el contexto de atención.

Ese miedo, esa vulnerabilidad, que lleva a Madame Kajy a actuar de esta manera, me da a entender la suerte que tenemos en Europa, de que, aunque a algunos profesionales les siga dando miedo contar con el propio poder que tiene la mujer por sí misma cuando pare, haya también tanta información que afirme y ayude a la mujer a tomarlo y se le brinde el apoyo que elige, y se pongan a su disposición las herramientas técnicas que hay para el caso que las necesite.

La presión que siente esta mujer debe de ser enorme. Ella ha aprendido el oficio de su madre y abuela, no ha tenido nunca una formación ni información externa sobre el cuidado maternal.

Lejos del parto respetado y con placer que se puede tener en Europa con el acompañamiento de matronas de parto en casa y con doulas, aquí lo que se encuentra una, es a la mujer pariendo sola sin contención externa.

No tengo ni la más remota idea de lo que es acompañar un parto en medio de la selva sin acceso a recursos. La misma matrona carece de ningún apoyo, ningún contraste o espejo, ningún equipo, esto es África rural, y también es real. Esto está pasando ahora mismo en esta parte del mundo. A mí me produce una enorme tristeza y también impotencia.

*fotografía de blog.elpais

La matrona del Valle de Tsaranoro

Siguiendo virtualmente la formación de salud mental perinatal que imparte Ibone Olza y es una fantástica oportunidad para explorar la perinatalidad en las diversas culturas que voy conociendo.

He conocido a la matrona del Valle de Tsaranoro, en Madagascar, que no solo ayuda en los partos de las mujeres de su pueblo, si no a las mujeres de todo el Valle.

El valle recoge varias aldeas, separadas por largas distancias, caminos de tierra roja entre montañas, caminos que muchas recorren descalzas, como acostumbran. Esto implica que las mujeres, o ella, deben desplazarse a pie, para encontrarse y hacer juntas el trabajo de parto. En caso de complicaciones el hospital más cercano está a casi un día de distancia, es importante la organización.

La vida de las personas campesinas en Madagascar es muy dura, pero también de una belleza sobrecogedora.

En este poblado coincide que la matrona es la reina del valle, literalmente es la mujer del rei. El rei y la reina de los parajes viven en casas de paja y barro igual que los demás habitantes. La diferencia entre ellos y el pueblo solo los nativos la saben.

La reina se llama Madame Kajy y es una mujer alta, no de estatura si no de espíritu, su presencia invita al respeto.

La casa en que vive es la misma casa de partos, y es en su cama que la mayoría de las mujeres del poblado dan a luz. A la forma tradicional, las técnicas que utiliza para ayudar a la mujer y al bebé son con las manos desnudas. Ayudándose de tijeras o hoja de metal, para posteriormente dejar que el tejido cicatrice solo, no hay agujas ni hilo de sutura.

Empiezo a entender la ambivalencia de sentimientos en las embarazadas que, a veces, no se atreven con su tierno querer a dar nombre al bebé que esperan, ni siquiera a hablar de él. En hacer referencia al bebé en ellas se despierta una mirada de enorme felicidad.

A mí personalmente lo que más me gusta de trabajar con las mujeres embarazadas es su conexión con el no saber. Es por su apertura a lo infinito, una sabiduría que siempre me gusta sentir resonar.

En Madagascar más del noventa por ciento de la población es agricultora. El mayor cultivo es de arroz, pero en esta isla, clasificada como el cuarto país más pobre del mundo, crece de todo.

Dentro de la tierra hay cuevas de oro y piedras preciosas. A pesar de ello, la mayor parte de los recursos que nacen y se producen salen del corazón de la tierra para ir a parar a los barcos, el comercio que les espera para repartirlos por el mundo.

Personalmente veo a los habitantes de Madagascar como gente satisfecha y enormemente pacífica.

En la mayor parte del territorio no ha llegado la luz eléctrica, por tanto, ni la televisión ni internet. Son gente de mucha pureza e inocencia.

Tantos temas interesantes sobre los que yo les preguntaría, y no siempre es fácil, ya que tanto es diferente entre nosotras, al margen de ello, nos sentimos en unos silencios largos. Su mirada, el silencio y sus gestos de descanso, me dan mucha información, es como si vibrase en el aire. Como si el aire se llenase de palabras, pero de palabras que no sabemos decir. La distancia cultural es un abismo insalvable por ahora.

Por más que hablamos no puedo ayudar con mi nueva y joven profesión. Quisisera explorar con ellas las profundidades de los procesos. Pero solo las puedo mirar a los ojos, con una sonrisa de oreja a oreja, y así nos quedamos las dos durante un minuto o dos. Mirándonos. Ellas con su barriga que me mira y yo que le sonrío. Y es a ella, esta mujer embarazada a quien quisiera hacer tantas preguntas!

Repetir lo que ellas hacen, ayudarlas con las labores domésticas, son cosas que nos acercan. La mentalidad es muy sencilla, no se hacen demasiadas preguntas, no piensan más allá, no se si es por necesidad, por la falta de escolarización…La psicología es un terreno todavía inexplorado para la población.

Madam Kajy sigue pulcramente todas las tradiciones. Bendice a quien se cruza con unas palabras dulces y melodiosas, yo la sigo entre las hierbas y los pies descalzos, ya que vamos juntas al dispensario, es día de visita y las mujeres embarazadas van pasando a hacer los controles rutinarios, al final de la mañana hemos visitado a once de ellas.

Es difícil encontrar mujeres mayores que la matrona, Madam Kajy tendrá unos cincuenta años. La esperanza de vida media es de alrededor de los cincuenta y cuatro años.

En estas poblaciones la vida es corta y la muerte se presenta con su fuerza imprevisible, pero el tiempo se dilata y pasa lento, no lleva reloj,  si no el ritmo de los ciclos que mueven a todos los seres vivos.