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Las “mamas” africanas

Nunca me había sentido tan satisfecha de ser mujer como en África. Realmente los habitantes en gran parte de este continente, viven la feminidad de una forma especial.



Las mujeres gozan y lucen orgullosas sus cuerpos redondos, fértiles y llenos de suntuosas curvas.
Visten de los colores más vivos con las famosas telas wax printed. En ocasiones las mujeres tienen un solo, o como mucho dos, vestidos completos del estampado que ellas eligen. Estos vestidos, que se hacen hacer a su medida, estos colores y formas que elijen, las representan a ellas. Se trasluce que las ropas son una forma más particular de piel. Ello me lleva a contrastarlo con las sociedades industrializadas, donde las mujeres pasan a estar a un segundo plano detrás de la moda, que dicta la identidad que hay que seguir, y que casi obliga a renovar constantemente la imagen que las mujeres han de tener. Esta constatación resalta que en las sociedades industrializadas, las mujeres representan a las marcas de moda, son vistas como “víctimas de la moda”, que en la mayoría de ocasiones acaba imponiendo un único modelo de mujer, al que nunca encajamos…
En lo que refiere a la maternidad, las mujeres africanas, lucen satisfechas a sus bebés y ofrecen su pecho en cualquier lugar, con toda naturalidad y orgullosas de ser nutritivas.
No importan la forma ni el color de los pechos, todos ellos se muestran exuberantemente y representan fertilidad, salud, y alimento.
En el porteo, todos los niños y niñas pasan sus primeros años de vida en contacto con el cuerpo de sus madres, durante prácticamente todo el día,
los bebés enganchados, van al pecho o a la espalda, mientras las madres hacen todo tipo de trabajos. Ello se debe en parte al convencimiento colectivo de que el bebé tiene que estar siempre caliente y sentir a su madre.
Llevar al bebé en la espalda es una declaración de amor a la infancia a la que ninguna madre falta.
 
 Por otra parte, la cultura de los países africanos tanto en el sur, como en el centro y el este, sobretodo las culturas de credo animista, son matriarcales.
Las implicaciones prácticas que ello tiene, entre otras, es que no hay distinción en términos de género para las tareas físicas ni profesionales.
En diferencia a las sociedades occidentales, las mujeres constituyen el eje al rededor del cual se estructuran las sociedades y las familias.
Por otro lado, la mujer no tiene asociado al imaginario colectivo una función específica.
A partir de una cierta edad, todas las mujeres son llamadas mamas, por los adultos entre ellos, también entre personas que no se conocen! Las mujeres son madres. En esta forma de llamar a la mujer transmiten el respeto y el agradecimiento a sus propias madres, las que les han dado la vida a ellos mismos. Este sentimiento de agradecimiento a las mujeres está muy presente a través de canciones y gestos.
Ser mujer adulta en África es tener prioridad para un asiento en el autobús (si lo hay), es ser orgullo del país, representar la bonanza y la salud.
Ser mujer implica el “comadreo” de todos los bebés, de los propios y de los de todas las demás mujeres.
Hay un sentimiento de responsabilidad colectiva sobre los bebés y los niños más pequeños, eso es bien claro. Los bebés pasan de brazo en brazo cuando lloran, incluso aunque las mujeres no se conozcan entre ellas.
La maternidad es universal en estas culturas. En diferencia con la concepción individual o subjetivo de la maternidad en las sociedades industriales.
Hablando con una mujer hace algunos meses, me preguntó por la manera occidental de manera de llevar a los bebés, y me dijo, “En África si te ven empujando un “carrito de bebé” las mujeres mayores pueden llegar a quitarte el bebé, por pensar: ¡Si tú no lo puedes cuidar, lo harán ellas!”.
Pocas veces pasa de ver a un niño enrabietarse o protestar, y no es difícil acabarse preguntando ¿Será que los cuidados a temprana infancia han sido suficientes para sentirse aceptado, y sentir que ya desde el comienzo tienen un lugar en este mundo?
 
Los hombres aman y muestran mucho respeto por sus madres y por las mujeres, lo demuestran con cariño y gestos de cuidado. Solo es una opinión, pero a mí me transmiten que están agradecidos, por el trato recibido, y como consecuencia, raras veces muestran rabia o violencia contra las mujeres.
 Por el contrario, se muestran gentiles, atentos y compasivos, por lo menos en público. Por supuesto que hay de todo, pero en estos ocho meses y por ocho países, me refiero a Madagascar, Sur África, Mozambique, Malawi, Tanzania, Kenya, Uganda y Rwanda, no he visto ni una sola muestra de desprecio o violencia hacia las mujeres por parte de los hombres. En cambio las muestras de respeto y admiración han sido constantes.
Estas sociedades tienen mucho de espontáneas y creativas, también de caóticas. En estas sociedades hay también una clara falta de límites o estructura en comparación con las sociedades industrializadas. Pero lo que nunca falta en ellas es el amor.
Soñando románticamente me ha sorprendido el pensamiento de que el amor viene del África… y que de ahí, se ha extendido por el resto del mundo. Que encuentra sus raíces en esta tierra, donde tanto abunda. 

En busca de los gorilas!

El deseo de una vida, y al fin llegaba el momento… Íbamos a conocer a los gorilas de montaña, en su hábitat natural, la selva The Impenetrable Forest. 

Nuestras almas y todos nuestros sentidos ya buscaban entre la niebla señales de ese anhelado encuentro…Con timidez nos encontramos, en una pequeña aldea, con una pareja española y Sarah, una valiente mujer británica, eran nuestro equipo en este viaje.

El experto guía Steve, nos esperaba, un ictus le detuvo medio rostro años atrás, su aspecto es áspero, su estatura pequeña, su cuerpo robusto, como inmenso y tierno su corazón. 

Dos militares armados nos escoltan y tras el despegue de los primeros rayos del día entramos en la selva. The Impenetrable Forest se encuentra en la frontera ugandesa con el Congo, y tiene varios nombres, Bwindi, o The Queen Elisabeth Rainforest. Nosotros nos hemos preparado para una caminata difícil, es una de las selvas más densas y salvajes del país, y en ella viven más de cuatrocientos gorilas, aproximadamente la mitad de la población total de la especie.

A los pocos kilómetros de nuestra caminata, Sarah empieza a sentir el dolor en la espalda de una vieja lesión, el camino es muy difícil… No estamos seguros de que vaya a conseguir atravesar la selva, así que el guía nos dice, “la más lenta irá delante y marcará el ritmo del grupo”. Todos asentimos… Yo me conecto con ella, de vez en cuando le doy palabras de apoyo, recuerdo la importancia de reafirmar lo bien que lo está haciendo. Parece que le sientan bien las palabras, sonrío. Maarten también la anima, con sus sensibles comentarios…

Ya llevamos dos horas atravesando la jungla, a golpe de machete los “rangers” van abriéndonos camino, y nosotros vamos intercambiando impresiones. La selva es densa y húmeda, el suelo embarrado está grácilmente cubierto por pequeños pétalos blancos, caen de los gigantescos árboles que contra el cielo se alzan, dejando entrar unos débiles y verticales rayos de sol.

Mientras bajamos el barranco la mujer española del grupo me pregunta a qué me dedico, con alegría le explico que estudio para acompañar psicológicamente a las mujeres embarazadas. De algún modo, parece suscitarle cierta incomodidad… Y tú? Le pregunto, “Yo soy médico anestesista”, me dice, en unos segundos de silencio nuestras mentes atraviesan ciertas resistencias, pero al fin y al cabo estamos en la jungla, que más dará ahora lo que piensen una o la otra, en silencio sonrío, sorprendida de como las situaciones se espiralan en el lugar más inesperado…

Dos horas y media caminando y Sarah cree que no puede más. Respira…, tengo miedo de caerme y hacerme daño, Lo estás haciendo muy bien… Ella sigue caminando muy poco a poco, pero constante.

De pronto, se empiezan a escuchar sus aullidos. Steve viene a darnos información, “Estamos a diez minutos de ellos, si seguís a buen ritmo les encontraremos en descanso”. En el suelo las heces nos indican que los elefantes salvajes han estado aquí hace unas semanas, empieza a aparecer un fuerte olor y las heces frescas de los gorilas nos indican que nos encontramos justo detrás de sus pasos.

Al fin, en una colina entre la vegetación aparecen unas sombras negras. Están ahí, al fin hemos llegado. Nos acercamos a ellos, son enormes, el impacto de su presencia me conmueve. Les encontramos acostados, descansando, pensativos… Unas lágrimas de emoción recorren mi rostro… Son como monstruos, escondidos en la selva, desde hace miles de años, pero a la vez son tan parecidos a nosotros!

…sus pensamientos se hacen evidentes, todos sus gestos hablan de inteligencia, es la primera vez en mi vida que me encuentro ante otra especie, entendiéndonos tanto, es muy impactante. Ambos nos miramos reflexivos. Podría hablarles y estoy segura de que entenderían.  Son enormes, y de una gran fuerza física, podrían acabar con nosotros en cualquier momento, pero no lo hacen. Nos miran y les miramos. Me dan unas inmensas ganas de abrazarles, de besarles, les reconozco, son literalmente nuestros antepasados.

Este vigoroso animal acaba de romper un pequeño árbol con solo su brazo, me mira y no me hace nada, me deja estar ahí, siempre y cuando les respete, a él y a su familia. Están tumbados, sus gestos, sus miradas me indican que estos animales reflexionan. Reconozco en sus gestos, en su ruda nobleza y carácter bonachón, las características que tantas películas han inspirado, personajes como “The Beast” o “King Kong”. Enormemente poderosos, y a la vez tan inocentes… están plenamente conscientes de nuestra presencia…

 

Una madre gorila se recuesta a dar el pecho a su bebé, sus gestos son enormemente parecidos a los de una madre humana.

Entre la densa vegetación Maarten descubre a una mujer. No ha venido con nosotros, pero está ahí, sentada junto a ellos, delgada, joven y de pelo rubio… “Es una investigadora” nos dicen los guías. A mí se me enciende el corazón, es exactamente ella la clase de mujer con la que tantas veces soñé en mi infancia! Me encantaría hablar con ella… y así lo hacemos. Se llama Cori Bailey, es inglesa y conservacionista, le han encargado seguir a los gorilas y pasa con ellos cuatro horas al día desde hace un año. Camina entre tres y siete horas cada día a través de la selva para encontrarles. Es un encuentro mágico e inesperado que me recuerda a Dian Fossey y a la famosa película “Gorilas in the mist”, entiendo perfectamente que una mujer pudiera enamorarse de estos animales y defenderles ante su propia vida.

Hablando con Cori le preguntamos cuántos mueren desde que ella está aquí. “Solo uno he visto, y fue alcanzado por un rayo en la tormenta…”  Y que hicieron los otros cuando lo vieron?, preguntamos. “Se quedaron unos cuantos días cerca del cuerpo, le rodeaban, se sentaban junto a él… unos días después se fueron. Tienen emociones propiamente dichas? Pregunta Sarah. “No lo podemos saber. Pero hemos visto morir a bebés, y a sus madres cargar los cuerpos hasta literalmente descomponerse. Esto nos habla indefectiblemente de vínculos emocionales y relacionales. Son unos animales extraordinarios.”

Hace exactamente veintidós años, llegaron a las puertas de la selva de Queen Elisabeth Rainforest dos hombres americanos en misión de una organización conservacionista. Tenían la misión de enseñar a los locales cómo proteger a esta especie, nos cuentan. Entrenaron a decenas de locales, entre ellos el hombre que guía nuestros pasos hoy, el mismo Steve.

Muy curiosos, preguntamos ¿Cómo lo hicisteis para acercaros a ellos por primera vez? Los americanos nos enseñaron. Nos dijeron que íbamos a extinguir la especie si seguiamos así, quedaban unos pocos cientos de ellos. Nos entrenaron para protegerlos. La primera vez que nos acercamos a una familia, cinco machos nos rodearon, la consigna que nos daban los americanos era clara, tenían mucha experiencia, no teníamos que movernos. Ellos tenían que entender que no íbamos a herirlos.

Nos despedimos de Cori para seguir. Para Sarah ha valido totalmente la pena, yo Me quedo con la frase que me llevó hasta aquí, la de un viajero que habiendo venido a verles me dijo, “Mirar a los ojos a los gorilas es hacer un viaje en el tiempo. Es ver de dónde venimos y entenderlo en un instante, viajar en el tiempo para entender el origen de la especie humana. Es una experiencia única e inolvidable que te cambiará la vida”. Entiendo perfectamente a qué se refería…

Después de cuatro horas de trekking salimos de nuevo a la aldea, Steve es un autentico conservacionista y antes de despedirnos nos transmite que toda su dedicación es en primer lugar para protegerles.

Una noche surrealista

¿Cómo comprender el baño de sangre como una ofrenda, como un castigo o sacrificio?

Ayer por la tarde estuvimos en casa de Miles, su mamá salió con un palo en las manos, “los perros se nos han comido tres gallinas. Vamos a matarlos.” Sale el hijo menor de unos ocho años con una barra en las manos. Nosotros no lo podíamos creer…
“No!” exclamamos los tres europeos desde el salón, “vamos a buscar un punto intermedio” intervino Nick, el antropólogo belga que vive en esta casa para más de un año, y que llama a la madre “mamá”, como si de su madre se tratara. “Entiendo que se han comportado mal, pero vamos a encontrar un punto medio, les dejamos en la calle y que encuentren su suerte”.

Mientras y convencidos de que esta iba a ser la solución, en el salón, seguimos los cinco jugando a cartas, cuando se empiezan a escuchar los terribles gritos de muerte y dolor de los animales, me vienen a la mente los dos simpáticos perros marrón arcilla, de hocicos afilados y miradas inteligentes. En shock, nuestras miradas se encuentran. Entra la madre triunfal en el comedor. “Ya está, ya les he matado”.

Nos quedamos paralizados, seguimos enturbiados el juego de cartas, cuando movido por un impulso Nick se levanta.

En un momento de confusión me acerco y tras la puerta del patio trasero percibo algo inexplicable en el aire, como de ambiente enrarecido, de atmósfera agria,

Enturbiada vuelvo al salón, todavía con las cartas en las manos, los jugadores y la mesa está descompuesta.

La televisión encendida de fondo relata el fin de la jornada electoral. Están a punto de investir al nuevo presidente. La voz omnipresente que nos recuerda que hoy es día crucial para Kenya.

Con este ambiente enrarecido Nick se levanta de nuevo para ir en dirección a la cocina y abrir la puerta trasera, todos nos quedamos como paralizados.

Hay un ambiente roto, una brecha que nos divide energéticamente, una fractura. En nuestros rostros confusión.

La madre da vueltas sin parar con una expresión de inquietud y risa nerviosa, en un eterno suspense, vuelve Nick, y se dirige a la madre en swahili, “hay que acabar la faena madre”, la madre rie, “¡Nick quieres degollarlos como un matador! jajaj” Nick muy serio le explica, “Madre, no están muertos del todo, tienes que acabarlo ahora porque están sufriendo”.

Maarten y yo, nos sumimos en la más profunda angustia, Nick nos mira, “¿Qué hacemos?, yo no puedo hacerlo”, dice, “nosotros tampoco”, decimos. “Pero si los dejamos así podrían tardar días en morir”.

La madre dice que no puede hacerlo entre una risa nerviosa.

Nick se dirige al hijo mayor, “puedes hacerlo tu?” “No”, responde. Todos paralizados.
Tras unos minutos interminables Nick dice “de acuerdo, ya lo hago yo, pero necesitare un cuchillo muy afilado, creo que si cierro los ojos con un golpe fuerte puedo hacerlo”… Salen a fuera.
Maarten y yo en silencio. Tremenda la tristeza que experimento, Maarten en español me dice indignado, “Cómo se ríen!? los ha torturado con un palo hasta la muerte y ahora se ríe?”. Yo racionalizando le digo, “no lo entienden como nosotros, tienen otro sistema de valores, para ellos no son, como para nosotros, unos miembros de la familia”, “claro, es solo un animal que ladra y no tiene ningún valor, en cambio las gallinas son comida y eso si que es sagrado para ellos. No podemos juzgarles por ello.” Nos abrazamos.  En silencio una eterna media hora de rostros serios en el salón. La tristeza es profunda y amarga.

La madre que deambula entre el salón y el patio trasero se acerca a nosotros, y nos dice con un tono irónico, “¿tenéis miedo?”. “No tenemos miedo”, responde Maarten algo confundido e indignado, “es que para nosotros los perros son como miembros de la familia. Es otra cultura, lo entiendes?”.

Ella responde alterada “sí, pero se han comportado mal!”.

Pues, Maarten responde “y si este niño pequeño se porta mal, le castigarás o también le torturarás?”.  Ahora la madre se queda claramente conmocionada, parece que ha entendido que algo está profundamente mal en nosotros.

Nick entra de nuevo en el salón y nos dice, “no se como hacerlo. Les ha matado, pero no están completamente muertos. Ahora estoy pensando en llamar a un veterinario, que venga, y que les de muerte humanamente, con eutanasia. Les daremos el doble de lo que pidan si llegan esta misma noche”.
Así será, el ambiente sigue tenso y enrarecido, pero seguimos jugando, más o menos sumisos a esta solución.

Nos queremos, europeos y africanos nos queremos, se siente en el ambiente como todos queremos que esta situación acabe y que hayamos comprendido la lección de nuevo, que somos diferentes y que tenemos otra apreciación de los sentimientos. Esto es pura antropología, nos decimos. Los sentimientos flotan en el ambiente, la compasión por el sentimiento de culpa que reina en los kenianos. La trascendencia de nuestras más arraigadas certezas en los europeos.

“A comer” nos llama la madre, claramente preocupada. El bebé está nervioso, corretea tocándolo todo sin descanso. Claro, pienso, que lo ha estado sintiendo todo. Le doy un abrazo, y juego un poco con él.

Ya es negra noche, servido en la mesa el pollo de la discordia, cocinado con salsa. Yo no puedo ni olerlo. Para complacer me sirvo un plato. Mientras llega el veterinario. Acaban dignamente con la vida de estos dos perros. Completamente alucinados la familia ven como Nick acaba de dedicar a esta solución los cincuenta dólares que pide el veterinario. Una fortuna para ellos.

Nosotros queremos apoyar a Nick, le damos las gracias. Mientras hacemos ver que comemos el pollo, en la televisión invisten al nuevo presidente. La penumbra es densa en el salón.
Se temen las matanzas que acontecieron hace diez años y tras las últimas investiduras, cuando entre las tribus hubieron mas de 1.200 muertos a machetazos.

Para Maarten algo surrealista reina en la oscuridad.

Me digo que ojalá no hiciera falta derramar sangre para entendernos.

La democracia representa el sistema que impone occidente con su sistema de valores, sobre la realidad tribal de África.

¿Qué función tiene entonces el sacrificio? Nos preguntamos con Maarten mientras, en taxi, cruzamos a media noche la muchedumbre en la ebriedad de esta extraña noche.

Esta noche Nick y la madre han tenido sueños extraños. Se encuentran por la mañana y se abrazan, han estado conmovidos.

Kenya amanece con nuevo presidente, la sociedad está más tranquila que la vez anterior. Esperamos que el baño de sangre de hace unos años haya servido para aceptar los resultados electorales con más serenidad…

Desde Madagascar formándome en salud mental perinatal

#Formación #Saludmentalperinatal
Como siento la necesidad imperiosa de compartir y seguir conectada con mi mundo, el del planeta occidental, y las personas que quiero, pero no tengo tanto tiempo como me gustaría para escribir en el Blog, voy a ir publicando cartas que escribo, en este caso a la red de mis compañeras de formación en salud mental perinatal, para seguir conectada con todos vosotros y sentirnos cerca. Espero que las desfrutéis.
Gracias por estar aquí, al otro lado de la pantalla e iros manifestando con comentarios o mensajes de vez en cuando, os lo agradezco muchísimo!
La África profunda que estoy viviendo es justo la que quiero conocer, pero no es fácil para las personas que hemos crecido en el entorno occidental.
Absolutamente todo es diferente y a menudo, muy a menudo, lo hecho de menos…!
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Queridas compañeras, y compañeros,

Me encataría conoceros una a una o uno y con calma, y difrutar de los seminarios presencialmente. Siento que esta profesión tiene mucho de compartir, de dar tiempo para explorar y sentir juntas.
La manera en como lo estoy haciendo me encanta también, y lo quería compartir con vosotras.
 Mientras hacemos esta formación, estoy viajado por el mundo. Es un sueño con mi pareja Maarten que nos ha llevado a explorar África durante nueve meses, y ya hace cinco que estamos en ello. Bueno, hemos estado primero en Palestina, visitando un proyecto y ayudando. Ahora y desde hace dos meses estamos en Madagascar!
Este viaje me ayuda a ver los temas que trabajamos, las tareas y foro desde muchos puntos de vista y me invita a apreciar, reflexionar, observar… Las diferencias entre las culturas y maneras de vivir el embarazo, el parto, la muerte, entre nuestra cultura occidental y las multiples que voy vivistando. Esta formación esta siendo increíblemente interesante y completa.
Intento pasar tanto tiempo como puedo cerca de las mujeres embarazadas. No siempre es fácil, no hablamos el mismo idioma, y a veces solo estamos en silencio juntas, en sus casas, mirándonos a los ojos y sonriendo de oreja a oreja.
Os quiero contar una historia que me ha pasado con el anterior seminario sobre la muerte perinatal, la pérdida gestacional y el duelo, que me ha sorprendido mucho!
Estaba viviendo en un pueblito que se llama Betania en la costa oeste de Madagascar. Este seminario tan interesante, lo he tenido que ver a sorbitos y en diferido.
La primera parte la vi en la pequeña ciudad, al lado del pueblito donde habitaba, donde no hay ni luz eléctrica ni agua corriente, en cuanto se hace de noche, también en la ciudad se acaba la electricidad.
Estaba esta ciudad, Morondava, super fascinada con el contenido, cuando empezó a oscurecer y se acabó la conexión. A desgana lo tube que dejar para que no se me escapara la última piragua que me llevaba de regreso al pueblito de Betania.
En la orilla, esperado la piragua, había también una mujer joven. Cuando estabamos en el agua, despues de un silecio, la mujer me empezó a explicar así de repente, en un francés sencillo: “Yo hace unos meses estaba embarazada. De tanto cargar el agua, me dolía la espalda, así es que fuí al hospital y ‘me lo tubieron que quitar’.
Ahora bebo mucho, por que no puedo parar de pensar en mi bebé y me pongo muy triste, yo se que no es bueno que lo haga, pero estoy muy triste y por eso bebo…”
Yo por una parte estaba alucinada de como la mujer me hablaba tan sinceramente del tema que justo acababa de recibir, y por otro lado, me encontré escuchándola y hablándole de un modo nuevo, como si la información ya hubiera entrado un poco en mi! Ahora la escuchaba con mucha mas empatía y comprensión, sin querer negar su dolor, ni darle demasiado énfasis a lo malo del alcohol, sino abrazando su tristeza para ayudarla a sanar. Con tiempo, nos quedamos juntas en la otra orilla hablando hasta que era tan oscuro que no nos veíamos las caras.
Fue muy bonito. Lo importante para mí fue que ella compartiera conmigo su historia.
Este relato ha sido solo una anécdota. Y ahora, a propósito del pasado seminario (voy un poco atrasada por las condiciones del país pero por otro lado os lo recomiendo encarecidamente) me gustaría compartir algunas dudas y reflexiones:
En Madagascar hay muchas creencias, las llaman “fady”, y son como “verdades” que comparte la población. Atañen a muchos temas de la vida cotidiana, y son tan variados como el mundo de las cosas, de la convivencia con la naturaleza, de las relaciones con los ancestros… Estas creencias estan muy arraigadas y tienen mucha fuerza.
Una de ellas es especialmente importante para mí, y es que las mujeres malagaches, en ciertas areas del país, creen que no pueden hablar de su embarazo ni de su bebé, especialmente durante los últimos meses, porque al hacerlo el bebé moriría.
A mi me resulta como una puerta hermética cerrada, y me da angustia no poder compartir ni ayudar más. Por otro lado, pienso que si realmente estos “fady” tienen tanta fuerza, puede ser causa de un gran estrés ponerlos “en tela de juicio”. Por lo que he entendido, hace falta un tratamiento previo de estas creencias primero como comunidad, para poco a poco ir hablándolo directamente con las mujeres embarazadas.
Sería un proceso lento, que claramente no voy a poder presenciar, pero tenéis alguna experiencia previa similar? Como os relacionais con las creencias religiosas o espirituales que dificultan el hablar de la salud femenina? Pienso que hay que tratarlas con mucho cuidado y respeto, por otro lado, me encantaría descubrir alguna “puerta”.
Me encantaría leer vuestros pensamientos! Muchas gracias por leer y por compartir. Disfruto mucho leyendos, y me encantaría que nos encontraramos algun día.
¡Muchos besitos!

Zoe Galinsoga

La matrona del Valle de Tsaranoro

Siguiendo virtualmente la formación de salud mental perinatal que imparte Ibone Olza y es una fantástica oportunidad para explorar la perinatalidad en las diversas culturas que voy conociendo.

He conocido a la matrona del Valle de Tsaranoro, en Madagascar, que no solo ayuda en los partos de las mujeres de su pueblo, si no a las mujeres de todo el Valle.

El valle recoge varias aldeas, separadas por largas distancias, caminos de tierra roja entre montañas, caminos que muchas recorren descalzas, como acostumbran. Esto implica que las mujeres, o ella, deben desplazarse a pie, para encontrarse y hacer juntas el trabajo de parto. En caso de complicaciones el hospital más cercano está a casi un día de distancia, es importante la organización.

La vida de las personas campesinas en Madagascar es muy dura, pero también de una belleza sobrecogedora.

En este poblado coincide que la matrona es la reina del valle, literalmente es la mujer del rei. El rei y la reina de los parajes viven en casas de paja y barro igual que los demás habitantes. La diferencia entre ellos y el pueblo solo los nativos la saben.

La reina se llama Madame Kajy y es una mujer alta, no de estatura si no de espíritu, su presencia invita al respeto.

La casa en que vive es la misma casa de partos, y es en su cama que la mayoría de las mujeres del poblado dan a luz. A la forma tradicional, las técnicas que utiliza para ayudar a la mujer y al bebé son con las manos desnudas. Ayudándose de tijeras o hoja de metal, para posteriormente dejar que el tejido cicatrice solo, no hay agujas ni hilo de sutura.

Empiezo a entender la ambivalencia de sentimientos en las embarazadas que, a veces, no se atreven con su tierno querer a dar nombre al bebé que esperan, ni siquiera a hablar de él. En hacer referencia al bebé en ellas se despierta una mirada de enorme felicidad.

A mí personalmente lo que más me gusta de trabajar con las mujeres embarazadas es su conexión con el no saber. Es por su apertura a lo infinito, una sabiduría que siempre me gusta sentir resonar.

En Madagascar más del noventa por ciento de la población es agricultora. El mayor cultivo es de arroz, pero en esta isla, clasificada como el cuarto país más pobre del mundo, crece de todo.

Dentro de la tierra hay cuevas de oro y piedras preciosas. A pesar de ello, la mayor parte de los recursos que nacen y se producen salen del corazón de la tierra para ir a parar a los barcos, el comercio que les espera para repartirlos por el mundo.

Personalmente veo a los habitantes de Madagascar como gente satisfecha y enormemente pacífica.

En la mayor parte del territorio no ha llegado la luz eléctrica, por tanto, ni la televisión ni internet. Son gente de mucha pureza e inocencia.

Tantos temas interesantes sobre los que yo les preguntaría, y no siempre es fácil, ya que tanto es diferente entre nosotras, al margen de ello, nos sentimos en unos silencios largos. Su mirada, el silencio y sus gestos de descanso, me dan mucha información, es como si vibrase en el aire. Como si el aire se llenase de palabras, pero de palabras que no sabemos decir. La distancia cultural es un abismo insalvable por ahora.

Por más que hablamos no puedo ayudar con mi nueva y joven profesión. Quisisera explorar con ellas las profundidades de los procesos. Pero solo las puedo mirar a los ojos, con una sonrisa de oreja a oreja, y así nos quedamos las dos durante un minuto o dos. Mirándonos. Ellas con su barriga que me mira y yo que le sonrío. Y es a ella, esta mujer embarazada a quien quisiera hacer tantas preguntas!

Repetir lo que ellas hacen, ayudarlas con las labores domésticas, son cosas que nos acercan. La mentalidad es muy sencilla, no se hacen demasiadas preguntas, no piensan más allá, no se si es por necesidad, por la falta de escolarización…La psicología es un terreno todavía inexplorado para la población.

Madam Kajy sigue pulcramente todas las tradiciones. Bendice a quien se cruza con unas palabras dulces y melodiosas, yo la sigo entre las hierbas y los pies descalzos, ya que vamos juntas al dispensario, es día de visita y las mujeres embarazadas van pasando a hacer los controles rutinarios, al final de la mañana hemos visitado a once de ellas.

Es difícil encontrar mujeres mayores que la matrona, Madam Kajy tendrá unos cincuenta años. La esperanza de vida media es de alrededor de los cincuenta y cuatro años.

En estas poblaciones la vida es corta y la muerte se presenta con su fuerza imprevisible, pero el tiempo se dilata y pasa lento, no lleva reloj,  si no el ritmo de los ciclos que mueven a todos los seres vivos.