“The granny who flies”

Esta imagen fue tomada justo antes de ver a una dama de ochenta y cuatro años, volar en parapente en Malawi.

Sí, lo habéis entendido bien, la bolsa negra que llevo en la espalda es un parapente, y el señor que aparece subiendo la montaña detrás de mí, es el amigo entrañable de esta señora voladora.

June Walker, es inglesa, vive en Malawi desde hace más de cuarenta años, cómodamente aposentada en su palacete, y cultivando la permacultura. Pronto cumplirá su octavoquinto cumpleaños.

Saliendo de nuestro hogar Malawí en Mganja, un día fuimos a visitarla, fue entonces cuando ella nos confesó su intención algo sorprendente, de volar en parapente.

Ella sabía, que en casa del señor que nos acompaña, Nico Peters (aparece en la imagen vistiendo una camiseta amarilla) i de la carismática hermana de la caridad “Sister Josefa” existe desde hace unos años un proyecto mágico llamado “The School of Dreams”.

Niños del pueblo de Mganja, interesados en el parapente

“The school of dreams”, donde nos hospedamos en Mganja, Malawi, nace de la idea del piloto Benjamin Jordan, un joven canadiense (también fotógrafo y creador de documentales) que tras sentirse perdido en la vida, decide regresar al país que le tocó el corazón, Malawi, con un proyecto apasionante; formar y ver volar al primer piloto de parapente nacido en este país. Gracias a esta experiencia crea la escuela en que muchos otros naturales de Malawi van a experimentar la vivencia de aprender a volar.

Godfried fue el joven muchacho dispuesto a completar la misión inicial junto a él, inició su instrucción en el año 2011, y realizó su primer vuelo en solitario a finales de Junio de ese mismo año.

Esto siempre tiene una especial relevancia, ya que existe una metáfora implícita que relaciona el hecho de conseguir volar en parapente, que requiere de una gran paciencia y dedicación, con la posibilidad de alcanzar las metas que la persona se proponga (mensaje de Benjamin Jordan).

A pesar lo difícil de la hazaña, esta terminó muy exitosamente, y fue ilustrada por el mismo Jordan en la hermosa película, “The boy who flies” ganadora de varios premios cinematográficos.

June Walker en su camino a la cima

Pues bien, como os comentaba, visitábamos los representantes que éramos en ese momento, a esta anciana mujer, que goza de un fresquísimo sentido del humor, cuando nos confiesa que “le ha llegado la hora de volar!” Y que está dispuesta a regresar con nosotros a Mganja para lanzarse del borde de la cordillera.

June Walker, a sus ochenta y cuatro años, volaría de tándem con alguno de los pilotos, inspirados por el movimiento que B.Jordan inició.  Decenas de parapentes son donados de todo el mundo para el proyecto e incluso se fabrican bolsitos con los más desgastados, que se venden para recaudar fondos.

Maarten y un señor de la aldea al aterrizaje después de un vuelo

Yo vivía esta experiencia extraordinaria desde fuera, gracias a Maarten, mi compañero de vida y viaje, que también es piloto de parapente. Mientras ellos volaban, yo hacía prácticas en el dispensario médico dedicado a la maternidad del poblado, pero esta irresistible ocasión me llevó a  acompañar a la comitiva de “The School of dreams” en su extraordinaria misión.

La brasileña Lua, inicialmente se ofreció para acompañar a June en su primer vuelo, ella y June se entendieron en seguida. Lua es una de las pilotos que, en ese momento, vivía en el proyecto y que, por su lado, se había propuesto enseñar a volar a la primera piloto femenina del país, Malawi.

En estas regiones y en general en la mayor parte de este simpático y agrícola país, las mujeres se convierten en madres a edades tan tempranas como la de catorce años. Momento en que muchas de ellas abandonan la formación escolar, y pasan a la vida doméstica, también debido a los trabajos campesinos.

Calle principal de Mganja

Por este motivo, que una mujer sobrevuele en solitario las aldeas, volando en un parapente, construye una fuerte imagen que por contraste despierta e inspira a muchas personas a pensar “fuera de la caja”.

Aterrizaje de un parapente

Los niños de esta área rural ya han visto a muchas personas volar, y a mí, la imagen, me resulta, por un lado como un evento extraterrestre y por otro, un acontecimiento maravilloso y entusiasmante.

Esta área es extremamente pobre, se desayuna boniato cada mañana y prácticamente se acaba el día con el mismo alimento en el plato. No existe luz eléctrica, ni agua corriente, ni siquiera en los dispensarios médicos! Por contra, es uno de los países más agradecidos y sonrientes del planeta.

Un parapente, por extraño que parezca, no representa un artilugio inútil en este lugar, más bien al contrario, ya que este invento originariamente fue creado para funcionar sólo con energía solar y eólica.

Después de varios intentos y revolcones de la magnánima señora que guía nuestra historia en estas páginas, vimos volar la silenciosa vela roja, con June y su guía Sam, por encima de la cordillera y poblado de Mganja. Ella, al llegar, se vió rodeada por decenas de niños, que les esperaban, como ya acostumbran en el valle de “la escuela de los sueños”.

Decenas de personas acompañan a los pilotos

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