Ramón Borda

En un mundo de buenas personas, todos vivimos mejor.

Estaba viendo los reflejos del sol en el agua salada de playa Laginha, en la isla de Sao Vicente, atardecía cuando agarré mi bolso para revisar el móvil, y entonces lo vi. “No se como voy a vivir sin ti amigo. No sé…” lo comentaba Cecilia, y lo supe, al principio no lo pude creer, en las fotografías buscaba la cara que se repetía como si no pudiera evitar que se tratara de Ramón, pero era claro, era él. Ramón había muerto.

Me parecía surreal, no lo asumí hasta minutos después, cuando hablando con Julia ella me lo confirmó, y entonces lloramos, lloramos juntas, una a cada lado del teléfono, de una línea invisible que nos unía, unía ese atardecer hermoso en Cabo Verde con su tarde-noche en La Floresta. Unía nuestros finos quejidos, nuestras orejas escuchantes con ese silencio lleno de brillo. El brillo que él deja.

Me conecté con ese pueblo tan peculiar, en el que he crecido, y que es para mí tan querido, ese “conjunto de subjetividades”, o un conjunto de “bípedos cabezapensantes”, como diría Ramón. Esa es La Floresta y no encuentro una manera mejor de describirla. Sumida en el corazón del Parque Natural de Collserola, se erige indisciplinada una comunidad de casas bajas y variopintas. Entre el bosque denso de pino blanco y encina, entre los matorrales silvestres crecen casas de gente intensa.

Foto de Stephan Wallot

Cuando llegué, estaba el pueblo que tanto amó a Ramón reunido. Un círculo de decenas de personas, sorprendidas por la muerte  súbita e inesperada. Me sentí tan querida cuando al verme exclamaron ” Zoé! Has venido!” y me abrazaron. Lloramos y reímos, nos besamos y abrazamos, y “fuimos todos novios”, como más tarde leyó Lorena, en ese poema de Jesús Lizano, “Novios” que tanto me conmovió.

En ese círculo fértil cada persona sentía la necesidad y el espacio de expresar a su manera esa perdida tan especial, esa huerfandad, esa viudedad, tan de una, tan de todos, ¿Era posible? ¿Era posible que todos nos sintieramos hijos, que todas se sientieran viudas? ¿Era posible que este hombre nos hubiera hecho a todos hermanos?

Y nos encontrábamos diciéndonos “Es que a mí me quería mucho!” y emocionándonos… Y sí, así era, a todos nos había querido mucho. ¡Qué grande es aquél hombre que cuando se va, hace sentir a cada persona única y especial, tan querida! Cada una de esas personas, aparentemente solo vecinas…, esta vez unidas por el hilo de su amor. 

Unidas como estábamos, y cómo él nos había enseñado, le despedimos.

Unos se encargaron, tras unos días, de mandar que había que retirar las ofrendas que llenaban el pueblo. Era la hora de despedirle, y de dignamente recoger los objetos, antes de que pasara el equipo de la limpieza, y nos diera a todos un disgusto. Recogimos, con dignidad, las fotos y los recuerdos que ocupaban la plaza.

Nos repartimos sus incontables tareas, para que nada de su presencia cayera en el olvido. Nos dijimos lo que dolía y lo que nos amaba y nos repartimos la herencia de su paso en esta vida. Un conocimiento y una práctica, una ética impecable. 
Alguien dijo “Yo me encargo de ese banco bueno, el mejor banco del mundo”, que Ramón había creado con su inseparable amigo Chava, “El Banco de Los Libros”, que aparecía mágicamente cada domingo en el banco de la plaza, para que los vecinos pudieran intercambiar sus lecturas… “yo me encargo algunos días, solo cuando pueda”, decía. “Pero con una condición, que cuando me vaya, cuando muera, me hagáis una despedida como esta!” Y todos rieron, y algunos se emocionaron.
Ramón fue de los revolucionarios de verdad, de los revolucionarios consigo mismos, día a día, construyendo alma. Ramón adoraba esta tierra asalvajada, de almas liberadas, errantes y llenas de coraje, esta tierra de flores silvestres que es La Floresta.
Ése día nos levantamos en La Floresta y estábamos huérfanos, y sí, Ramón no estaba, pero su estela, su brillo, su huella,  estará siempre entre nosotros. Ramón Borda nos ha hecho testigos, herederos y aprendices de un mundo mejor.

Foto de Stephan Wallot

“Lo que tiene que ser, tiene que ser hecho.” R.B

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