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Las “mamas” africanas

Nunca me había sentido tan satisfecha de ser mujer como en África. Realmente los habitantes en gran parte de este continente, viven la feminidad de una forma especial.



Las mujeres gozan y lucen orgullosas sus cuerpos redondos, fértiles y llenos de suntuosas curvas.
Visten de los colores más vivos con las famosas telas wax printed. En ocasiones las mujeres tienen un solo, o como mucho dos, vestidos completos del estampado que ellas eligen. Estos vestidos, que se hacen hacer a su medida, estos colores y formas que elijen, las representan a ellas. Se trasluce que las ropas son una forma más particular de piel. Ello me lleva a contrastarlo con las sociedades industrializadas, donde las mujeres pasan a estar a un segundo plano detrás de la moda, que dicta la identidad que hay que seguir, y que casi obliga a renovar constantemente la imagen que las mujeres han de tener. Esta constatación resalta que en las sociedades industrializadas, las mujeres representan a las marcas de moda, son vistas como “víctimas de la moda”, que en la mayoría de ocasiones acaba imponiendo un único modelo de mujer, al que nunca encajamos…
En lo que refiere a la maternidad, las mujeres africanas, lucen satisfechas a sus bebés y ofrecen su pecho en cualquier lugar, con toda naturalidad y orgullosas de ser nutritivas.
No importan la forma ni el color de los pechos, todos ellos se muestran exuberantemente y representan fertilidad, salud, y alimento.
En el porteo, todos los niños y niñas pasan sus primeros años de vida en contacto con el cuerpo de sus madres, durante prácticamente todo el día,
los bebés enganchados, van al pecho o a la espalda, mientras las madres hacen todo tipo de trabajos. Ello se debe en parte al convencimiento colectivo de que el bebé tiene que estar siempre caliente y sentir a su madre.
Llevar al bebé en la espalda es una declaración de amor a la infancia a la que ninguna madre falta.
 
 Por otra parte, la cultura de los países africanos tanto en el sur, como en el centro y el este, sobretodo las culturas de credo animista, son matriarcales.
Las implicaciones prácticas que ello tiene, entre otras, es que no hay distinción en términos de género para las tareas físicas ni profesionales.
En diferencia a las sociedades occidentales, las mujeres constituyen el eje al rededor del cual se estructuran las sociedades y las familias.
Por otro lado, la mujer no tiene asociado al imaginario colectivo una función específica.
A partir de una cierta edad, todas las mujeres son llamadas mamas, por los adultos entre ellos, también entre personas que no se conocen! Las mujeres son madres. En esta forma de llamar a la mujer transmiten el respeto y el agradecimiento a sus propias madres, las que les han dado la vida a ellos mismos. Este sentimiento de agradecimiento a las mujeres está muy presente a través de canciones y gestos.
Ser mujer adulta en África es tener prioridad para un asiento en el autobús (si lo hay), es ser orgullo del país, representar la bonanza y la salud.
Ser mujer implica el “comadreo” de todos los bebés, de los propios y de los de todas las demás mujeres.
Hay un sentimiento de responsabilidad colectiva sobre los bebés y los niños más pequeños, eso es bien claro. Los bebés pasan de brazo en brazo cuando lloran, incluso aunque las mujeres no se conozcan entre ellas.
La maternidad es universal en estas culturas. En diferencia con la concepción individual o subjetivo de la maternidad en las sociedades industriales.
Hablando con una mujer hace algunos meses, me preguntó por la manera occidental de manera de llevar a los bebés, y me dijo, “En África si te ven empujando un “carrito de bebé” las mujeres mayores pueden llegar a quitarte el bebé, por pensar: ¡Si tú no lo puedes cuidar, lo harán ellas!”.
Pocas veces pasa de ver a un niño enrabietarse o protestar, y no es difícil acabarse preguntando ¿Será que los cuidados a temprana infancia han sido suficientes para sentirse aceptado, y sentir que ya desde el comienzo tienen un lugar en este mundo?
 
Los hombres aman y muestran mucho respeto por sus madres y por las mujeres, lo demuestran con cariño y gestos de cuidado. Solo es una opinión, pero a mí me transmiten que están agradecidos, por el trato recibido, y como consecuencia, raras veces muestran rabia o violencia contra las mujeres.
 Por el contrario, se muestran gentiles, atentos y compasivos, por lo menos en público. Por supuesto que hay de todo, pero en estos ocho meses y por ocho países, me refiero a Madagascar, Sur África, Mozambique, Malawi, Tanzania, Kenya, Uganda y Rwanda, no he visto ni una sola muestra de desprecio o violencia hacia las mujeres por parte de los hombres. En cambio las muestras de respeto y admiración han sido constantes.
Estas sociedades tienen mucho de espontáneas y creativas, también de caóticas. En estas sociedades hay también una clara falta de límites o estructura en comparación con las sociedades industrializadas. Pero lo que nunca falta en ellas es el amor.
Soñando románticamente me ha sorprendido el pensamiento de que el amor viene del África… y que de ahí, se ha extendido por el resto del mundo. Que encuentra sus raíces en esta tierra, donde tanto abunda.