En busca de los gorilas!

El deseo de una vida, y al fin llegaba el momento… Íbamos a conocer a los gorilas de montaña, en su hábitat natural, la selva The Impenetrable Forest. 

Nuestras almas y todos nuestros sentidos ya buscaban entre la niebla señales de ese anhelado encuentro…Con timidez nos encontramos, en una pequeña aldea, con una pareja española y Sarah, una valiente mujer británica, eran nuestro equipo en este viaje.

El experto guía Steve, nos esperaba, un ictus le detuvo medio rostro años atrás, su aspecto es áspero, su estatura pequeña, su cuerpo robusto, como inmenso y tierno su corazón. 

Dos militares armados nos escoltan y tras el despegue de los primeros rayos del día entramos en la selva. The Impenetrable Forest se encuentra en la frontera ugandesa con el Congo, y tiene varios nombres, Bwindi, o The Queen Elisabeth Rainforest. Nosotros nos hemos preparado para una caminata difícil, es una de las selvas más densas y salvajes del país, y en ella viven más de cuatrocientos gorilas, aproximadamente la mitad de la población total de la especie.

A los pocos kilómetros de nuestra caminata, Sarah empieza a sentir el dolor en la espalda de una vieja lesión, el camino es muy difícil… No estamos seguros de que vaya a conseguir atravesar la selva, así que el guía nos dice, “la más lenta irá delante y marcará el ritmo del grupo”. Todos asentimos… Yo me conecto con ella, de vez en cuando le doy palabras de apoyo, recuerdo la importancia de reafirmar lo bien que lo está haciendo. Parece que le sientan bien las palabras, sonrío. Maarten también la anima, con sus sensibles comentarios…

Ya llevamos dos horas atravesando la jungla, a golpe de machete los “rangers” van abriéndonos camino, y nosotros vamos intercambiando impresiones. La selva es densa y húmeda, el suelo embarrado está grácilmente cubierto por pequeños pétalos blancos, caen de los gigantescos árboles que contra el cielo se alzan, dejando entrar unos débiles y verticales rayos de sol.

Mientras bajamos el barranco la mujer española del grupo me pregunta a qué me dedico, con alegría le explico que estudio para acompañar psicológicamente a las mujeres embarazadas. De algún modo, parece suscitarle cierta incomodidad… Y tú? Le pregunto, “Yo soy médico anestesista”, me dice, en unos segundos de silencio nuestras mentes atraviesan ciertas resistencias, pero al fin y al cabo estamos en la jungla, que más dará ahora lo que piensen una o la otra, en silencio sonrío, sorprendida de como las situaciones se espiralan en el lugar más inesperado…

Dos horas y media caminando y Sarah cree que no puede más. Respira…, tengo miedo de caerme y hacerme daño, Lo estás haciendo muy bien… Ella sigue caminando muy poco a poco, pero constante.

De pronto, se empiezan a escuchar sus aullidos. Steve viene a darnos información, “Estamos a diez minutos de ellos, si seguís a buen ritmo les encontraremos en descanso”. En el suelo las heces nos indican que los elefantes salvajes han estado aquí hace unas semanas, empieza a aparecer un fuerte olor y las heces frescas de los gorilas nos indican que nos encontramos justo detrás de sus pasos.

Al fin, en una colina entre la vegetación aparecen unas sombras negras. Están ahí, al fin hemos llegado. Nos acercamos a ellos, son enormes, el impacto de su presencia me conmueve. Les encontramos acostados, descansando, pensativos… Unas lágrimas de emoción recorren mi rostro… Son como monstruos, escondidos en la selva, desde hace miles de años, pero a la vez son tan parecidos a nosotros!

…sus pensamientos se hacen evidentes, todos sus gestos hablan de inteligencia, es la primera vez en mi vida que me encuentro ante otra especie, entendiéndonos tanto, es muy impactante. Ambos nos miramos reflexivos. Podría hablarles y estoy segura de que entenderían.  Son enormes, y de una gran fuerza física, podrían acabar con nosotros en cualquier momento, pero no lo hacen. Nos miran y les miramos. Me dan unas inmensas ganas de abrazarles, de besarles, les reconozco, son literalmente nuestros antepasados.

Este vigoroso animal acaba de romper un pequeño árbol con solo su brazo, me mira y no me hace nada, me deja estar ahí, siempre y cuando les respete, a él y a su familia. Están tumbados, sus gestos, sus miradas me indican que estos animales reflexionan. Reconozco en sus gestos, en su ruda nobleza y carácter bonachón, las características que tantas películas han inspirado, personajes como “The Beast” o “King Kong”. Enormemente poderosos, y a la vez tan inocentes… están plenamente conscientes de nuestra presencia…

 

Una madre gorila se recuesta a dar el pecho a su bebé, sus gestos son enormemente parecidos a los de una madre humana.

Entre la densa vegetación Maarten descubre a una mujer. No ha venido con nosotros, pero está ahí, sentada junto a ellos, delgada, joven y de pelo rubio… “Es una investigadora” nos dicen los guías. A mí se me enciende el corazón, es exactamente ella la clase de mujer con la que tantas veces soñé en mi infancia! Me encantaría hablar con ella… y así lo hacemos. Se llama Cori Bailey, es inglesa y conservacionista, le han encargado seguir a los gorilas y pasa con ellos cuatro horas al día desde hace un año. Camina entre tres y siete horas cada día a través de la selva para encontrarles. Es un encuentro mágico e inesperado que me recuerda a Dian Fossey y a la famosa película “Gorilas in the mist”, entiendo perfectamente que una mujer pudiera enamorarse de estos animales y defenderles ante su propia vida.

Hablando con Cori le preguntamos cuántos mueren desde que ella está aquí. “Solo uno he visto, y fue alcanzado por un rayo en la tormenta…”  Y que hicieron los otros cuando lo vieron?, preguntamos. “Se quedaron unos cuantos días cerca del cuerpo, le rodeaban, se sentaban junto a él… unos días después se fueron. Tienen emociones propiamente dichas? Pregunta Sarah. “No lo podemos saber. Pero hemos visto morir a bebés, y a sus madres cargar los cuerpos hasta literalmente descomponerse. Esto nos habla indefectiblemente de vínculos emocionales y relacionales. Son unos animales extraordinarios.”

Hace exactamente veintidós años, llegaron a las puertas de la selva de Queen Elisabeth Rainforest dos hombres americanos en misión de una organización conservacionista. Tenían la misión de enseñar a los locales cómo proteger a esta especie, nos cuentan. Entrenaron a decenas de locales, entre ellos el hombre que guía nuestros pasos hoy, el mismo Steve.

Muy curiosos, preguntamos ¿Cómo lo hicisteis para acercaros a ellos por primera vez? Los americanos nos enseñaron. Nos dijeron que íbamos a extinguir la especie si seguiamos así, quedaban unos pocos cientos de ellos. Nos entrenaron para protegerlos. La primera vez que nos acercamos a una familia, cinco machos nos rodearon, la consigna que nos daban los americanos era clara, tenían mucha experiencia, no teníamos que movernos. Ellos tenían que entender que no íbamos a herirlos.

Nos despedimos de Cori para seguir. Para Sarah ha valido totalmente la pena, yo Me quedo con la frase que me llevó hasta aquí, la de un viajero que habiendo venido a verles me dijo, “Mirar a los ojos a los gorilas es hacer un viaje en el tiempo. Es ver de dónde venimos y entenderlo en un instante, viajar en el tiempo para entender el origen de la especie humana. Es una experiencia única e inolvidable que te cambiará la vida”. Entiendo perfectamente a qué se refería…

Después de cuatro horas de trekking salimos de nuevo a la aldea, Steve es un autentico conservacionista y antes de despedirnos nos transmite que toda su dedicación es en primer lugar para protegerles.

One comment

  1. Una experiencia como esta no se olvida nunca…..es un privilegio y un aprendizaje cultural y emocional.Has descrito muy bien este acercamiento a seres tan entrañables.A seguir con esta “envidiable” ruta que tan bien habeis planeado
    Os quiero mucho.

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