Segunda carta

Con que a una persona le ayuden mis cartas, ya merece seguir publicándolas…

Para tí MGP,  que me inspiras ; )

Segunda Carta    – Compartimos –

Queridas compañeras y compañeros,

Como estáis? Me encanta que sigáis compartiendo tantas historias, relatos y vivencias.
Este interesantísimo seminario sobre “Epigenética y neurociencia del parto y nacimiento”, nos pilló en camino, así que me detuve en la frontera entre Mozambique y Malawi, y lo vi en un hotel de carretera. Fue muy especial.
 Al terminar quise compartir lo aprendido con mi pareja Maarten, que lo recibió muy interesado.
Ahora me gustaría compartir con vosotras algunas de mis vivencias y reflexiones en Madagascar:
Tras pasar unas semanas en un poblado rural muy remoto y conocer la “matronería” en las zonas más rurales, se me presentó por primera vez el dilema ético:
¿Cómo puedo ayudar a una mujer embarazada sin hablar su idioma?
¿Cómo puedo ayudar a tranquilizarla, si, al no haber visto ella casi nunca a una mujer blanca, mi sola presencia la pone nerviosa?
Acabé por no asistir a ningún parto, pero si que intenté acercarme a ellas para compartir hasta donde sintiera que ellas se sentían seguras.
Sonriéndonos y yo dándoles mis bendiciones básicamente… Acompañando algunos de los controles que hacen las matronas, etc.
Fue este mismo dilema ético que le pregunté a Ibone. Ella asintió, diciendo que siempre que mi acompañamiento viniera de una relación entre la mujer y yo, sería un sitio ético desde donde actuar. Por tanto, primero y esencial es establecer esta amistad intercultural. Estoy en ello, ya os contaré con más detalle.
Por otro lado entendí que hay todo tipo de protocolos muy agresivos en la forma tradicional de atender los partos en estas poblaciones.
Presionando sus barrigas con las manos, y haciendo episiotomías siempre y sin puntos de sutura…
No lo he vivido, pero gracias a un traductor he entendido las palabras de la matrona cuando me lo explicaba.
 También ahí fue cuando pensé, que para acompañar por primera vez un parto, tal vez sería demasiado para mí, así es que, en ese momento, decidí no acompañar ningún parto en la zona. Por este dilema en ese momento sin resolver y por precaución.
Ahora tras haber vivido mis primeras experiencias de parto y sobretodo tras hablar con Ibone lo veo distinto. Por que, como dice Ibone, si hay abuso sobre las mujeres embarazadas el papel de testigo ya es muy importante en el peor de los casos. Habiendo testigos de la violencia, al hacer esta alianza con la mujer puedo ayudar a que la indefensión sea menor, sólo porque hay testigos. Por un lado aprenderé que esto pasa, y está ahí, podré denunciar que está pasando, y por otro lado, sólo por mi presencia como testigo es factible que se reduzca el maltrato.
Así es que ahora, que me veo con más fuerzas, voy a centrarme en ello apreciándolo de esta modo en el poblado en que estoy.
Después de estas primeras semanas de contacto, decidí volver a la bonita ciudad de Antsirabe, para ofrecerme en la maternidad Ave Maria. Un lugar bellísimo para practicar lo aprendido hasta ahora, y también recibir la situación del personal de la clínica, por si ellas necesitaran ayuda o información que yo pudiera proporcionarles.
Ha sido una experiencia inolvidable.
“Una persona que se encarga de la psicología de las embarazadas, esto nos hace mucha falta!” decían. Todas encantadas. Y yo pensando: ¡Qué diferente sería si me presentara en una maternidad en Europa! ¡No se ni si me dejarían estar!
En cambio ahí me dijeron: “Nosotros como personal también lo necesitamos…”
Una gente muy abierta y moderna, la verdad.
Me sentí en seguida muy bien cuidada, así que con valentía y muchas ganas empecé a practicar.
Había una pareja de padres en neonatología, ellos eran muy jóvenes, adolescentes, y venían con sus móviles y entre risas de vergüenza hablando en cuchicheos entre ellos, haciendo bromas, casi como si estuvieran haciendo cola en el supermercado, se sentaban a sacar la leche y se iban por donde habían venido sin más.
Así que me percaté de que nadie estaba al cargo de ellos, y que en la sala no se favorecía que entraran a ver al bebé.
Me daban total autonomía en el centro, así que decidí sentarme con ellos, que en realidad se querían ir a hacer otras cosas, pero fue súper bonito, como poco a poco, fuimos entrando en un clima de respeto, interés y escucha.
Una conversación muy bonita que nunca olvidaré, sobre sentir la tristeza y el miedo, abrazarlas y atreverse a amar. Al día siguiente los dos entraban de la mano a verle, ¡fue tan bonito!
Otro día acompañé a una mujer en su parto, y sentí que le hacía sentir bien mi presencia respirando con ella, en silencio, pero solo estar ahí de pie a su lado, sentí que le daba fuerzas. Y tras nacer su bebé me lo dijo, y también me compartió cuanto dolor sentía, y pensé que eso era justo lo que quería, estar ahí cuando ella necesitaba expresar y decir que sentía ese dolor en el cuerpo.
En otra ocasión un bebé nació en la clínica moradito de la falta de oxígeno, y lo tenían en cuidados especiales por 36 horas. En este tiempo a penas dejaban entrar al padre a regañadientes, y se quejaban de que tenían que darle explicaciones sobre lo que hacían, de que él “las estaba poniendo en duda como profesionales”, ellas se ofendían mucho.
Así es que las cogí de las manos, a las matronas, y hablamos juntas. Les expresé que pienso que a veces los pacientes hacen muchas preguntas sobre lo técnico, y no es que pongan en duda lo que se hace, sino que simplemente quieren entender, y que muchas veces tras las preguntas técnicas lo que hay es una necesidad de consuelo. Una necesidad de expresar y explorar las incertidumbres emocionales que sienten, y que a ello hay que darle un lugar también.
Me pareció que nos entendíamos.
Otras experiencias también muy ricas siguieron en estos días en la maternidad de Antsirabe.
He acompañado mis primeros dos partos! Madagascar ha sido una gran experiencia, bellísima.
Ahora he vuelto a remoto en el área rural, empezando a conocer Malawi.
A partir del martes empezaré a compartir y conectar con mujeres embarazadas con la ayuda de una mujer local que me hace de traductora en Mganja, una población rural cerca del gran lago.
Un abrazo bien grande compañeras,
Gracias por leer hasta aquí!
Zoé
xx

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