Monthly Archives: setembre 2016

Somos tan pobres que no nos dejan acoger a nuestros huéspedes

What are we waiting for?

Quién cree en esta mentira?

Porqué seguimos repasando la misma línea divisoria? la linea que cuenta los días…

Día a día, como si yo no fuera…, como si fuera el otro… dejando pasar el tiempo… Como niña enfadada matando el tiempo entre fantasías perturbantes, dando círculos en pensamientos dementes, mientras se observa muy de cerca los dedos a la pálida luz del sol, en la esquina encalada de su cuarto.

Dónde está el mundo en estas mentes tan cercadas? Que ven una realidad tan microscópica… tan enfocada… perfeccionando. Criados en invernaderos, educados para no entender al prójimo. Maldito mundo del capital. Demente y ciego.

Como podemos estar tan ciegos?

Tan obcecados en nuestra propia existencia.

No vemos más allá de ese estúpido miedo al castigo, de un igual perverso, creado en la imaginación de nuestro pobre espíritu cansado. Perpetuamente cansado. Incapacitado, discapacitado, siempre diciéndose: no puedo hacer nada para cambiar. Desvitalizado.

Creyendo en su misma mentira, transmitiendo la propia cruz en forma de jugarreta torcida a sus descendientes, ojo por ojo, diente por diente, ahora sabrás lo que es sobrevivir en esta maldita cárcel.

Como si por un momento te creyeras de verdad toda esta mentira, y salieras a pasear con el vestido azul de flores entre carcajadas torcidas, sujetando la mano a esas criaturas que van a pagar por tu mismo castigo.

Que si solo soy uno más, que qué voy a hacer yo… que vamos a hacer nosotros, si no podemos hacer nada…, pobres discapacitados. Personas con vestidos caros y con carruajes, trágicamente discapacitadas, discapacitadas para amar al mundo, con la misma fuerza que les constriñe los sesos de esa mente cerrada.

Que si no tengo tiempo, como si detrás del tiempo se escondiera el monstruo que habita en el armario que no queremos abrir, y no nos atreviéramos a dar el paso para bajar de la cama. Perpetuamente niños enfermizos. Perpetuamente contagiando a los siguientes, como los mismos ratones de laboratorio en un circuito cerrado.

Es que no hemos encontrado la fuerza vital? Como si no tuviéramos ninguna intención de elevar nuestros destinos, tan pobres, tan pobres… Como la más mísera criatura que, medio ciega, cuenta los centavos con deleite en una esquina húmeda de hormigón…

Pobre existencia, con todos lo medios para unos fines tan pobres.

Somos tan pobres, que no nos dejan acoger a nuestros huéspedes.